Salvados por el cannabis: THC y CBD Vs Opioides

La popular película protagonizada por Matt Dillon, Drugstore Cowboy (1971), representa un grupo de jóvenes hedonistas que viven para robar drogas en farmacias, colocarse y volver a empezar. En palabras de su personaje principal “solo queremos estar high”. 

Ya no roban tantas farmacias, pero los adictos a los opiáceos en Estados Unidos están al alza. También las muertes por sobredosis. Hasta un 286% de aumento en relación al año pasado. Se debe, en buena medida, al laxo criterio médico a la hora de prescribir derivados del opio.

Este aumento en el consumo conllevó, poco tiempo después, un aumento masivo de adictos. Cuando le fueron negados los opioides en las farmacias, se abrió un importante nicho de mercado para grupos criminales, quienes no tardaron en bombear al mercado grandes cantidades de heroína “barata”. 

Una tormenta perfecta 

Hacia el final de la década del 2020, se contabilizaban más de 300.000 muertes por sobredosis de opioides. El reguero de muertos iniciado por la industria farmacéutica se agravó con creces: la heroína, y otras drogas afines, empiezan a mezclarse con fentanilo y carfentanilo para potenciar la ganancia del mercado negro.

¿Cuál mercado negro? Pues en el siglo XXI, internet. Empresas chinas ofrecían, hasta 2017, la posibilidad de comprar un kilogramo de fentanilo por menos de 3000$. La repercusión es inmediata: en 2014, las fronteras norteamericanas incautaron 3.14kg de fentanilo. En 2016, más de 134 kg

Para mediados de 2019, la cifra alcanzaba límites ridículos: más de una tonelada y media. Suficiente para matar a 800 millones de personas. Es fácil imaginar un grupo de mafiosos desternillándose de risa, pensando en que a unos anglosajones del otro lado del mundo les encanta inyectarse un sedante para animales. 

Al otro lado del atlántico la situación es dramática, como se ve en esta pieza documental de RT. Ciudades del “cinturón del óxido” estadounidense, tanto pequeñas como grandes, ricas y pobres, están asediadas por una epidemia.

Las restricciones a la venta de opiáceos se hicieron más fuertes. También las mafias. La Familia Michoacana y El cártel de Sinaloa siguen inyectando heroína, cortada con fentanilo y carfentanilo, en un entramado de pueblos desindustrializados y decadentes. Su consumo trasciende razas, clases y barrios. 

Baltimore, a solo una hora de la Casa Blanca en Washington DC,  llegó a ser conocida como “la capital de la heroína”. 

El cannabis al rescate

La solución, apuntan algunos, pasaría por el cannabis. Volviendo a la famosa película de los 70, nadie, en ningún momento del largometraje, se enciende un porro. Todos están hasta el cuello de opiáceos legales, heroína y cocaína… Pero jamás piensan en rolarse un canuto, menos rentable y más difícil de conseguir. 

Y es que quizás, solo quizás, si en la farmacia que pretendían robar pudieran comprarse un frasquito de CBD, se les pasaría bastante el mono del opio. Esta conclusión tiene cierta base científica. 

De acuerdo con una investigación del 2019, publicada en el American Journal of Psychiatry, a 42 pacientes que estaban abstinentes de heroína se les recetaron dosis de 400 y 800 mg de CBD. Varios de ellos utilizaban más de 10 g de heroína al día y tenían un promedio de 13 años consumiendo. 

Todos tuvieron mejora de sus síntomas de abstinencia o cold turkey, como se conoce en inglés. No son los únicos psiquiatras elevando su voz en ese sentido. Este argumentario ve respaldadas sus conclusiones por testimonios de ex-adictos tratados en California y Colorado, que también destacan al THC como coadyuvante de sus dolencias.

¿Sustituir una adicción por otra? No necesariamente. En todo caso, la adicción al cannabis no tiene un síndrome de abstinencia que puede matarte. El CBD y THC ni siquiera pueden causar sobredosis letal, porque no interactúan con el cableado cardiopulmonar del cerebro. 

En otras palabras, si 1 de cada 10 consumidores de heroína se pasasen al cannabis, supondría 3000 muertes menos al año en EEUU

La evidencia apunta a que el cannabis tiene un potencial terapéutico indiscutible para prevenir recaídas de heroína y muertes por sobredosis. Los adictos lo saben, los psiquiatras, los terapeutas… Todos los sabemos. ¿Lo sabrán los legisladores y presidentes? Ya va siendo hora de que se enteren.  

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