fiesta cannábica

Durante décadas la gente fumó marihuana en las fiestas. No es ninguna sorpresa que se conformasen locales nocturnos, y una cultura entera dirigida a los consumidores. Hasta hace muy poco, la escena de la fiesta cannábica neoyorquina estaba confinada a la clandestinidad. Ya no más.

El mundo cambiará con la legalización del cannabis. Eso es un hecho. Desde todas las esferas públicas se habla de los impuestos, los usos industriales y sus aplicaciones médicas. Todas estas posibilidades revisten una seriedad palpable, que traerá beneficios cuantiosos a buena parte de la sociedad cuyas demandas no se tomaban en cuenta. El cannabis es una cuestión que debe tomarse con muchísima seriedad.

Por otro lado, la planta se utiliza con fines recreativos desde hace miles de años. Los fumadores de hachís marroquíes y libaneses se divertían, se entretenían, exploraban su conciencia sin necesidad de alcohol. La escena de ocio no estaba dominada por borrachos babosos, restregándose contra las paredes y buscando pelea en los espejos. El ambiente general de una fiesta cannábica no es el mismo que cuando el alcohol es la norma.

Esta verdad oculta poco a poco sale a la superficie. Con la legalización neoyorquina, la escena fiestera de una ciudad tan grande brinda un sinfín de nuevas posibilidades. Durante años se celebraban fiestas clandestinas en las que el cannabis era la norma, pero tenían que mantenerse ilegales. Sus organizadores y anfitriones ya no tienen que esconderse de la policía. Por el contrario, ahora sueñan a lo grande.

Happy Munkey aspira a transformar su concepto de la clandestinidad a la exquisitez y el lujo. El pasado 4/20, y aún en medio de las restricciones pandémicas, auspiciaron una fiesta para 400 personas. La titularon “Farewell to Prohibition” (Despedida de la Prohibición) sin un ápice de ironía.

Con DJ’s y show de psíquico incluido, el variopinto público da una buena idea de los consumidores del Times Square. Hombres de negocios, artistas, activistas y fumadores de vieja guardia, están encantados de tener un club donde darse cita y la gente esté fumado, alegre y en calma. Después de todo, nadie puede ponerse violento bajo los efectos de un joint. Solo es posible soñar un ambiente con tanta paz en un contexto frenético.

La fiesta cannábica para las comunidades castigadas

Los fundadores de The Munkey son Vlad Bautista y Ramon Reyes. Ambos de origen dominicano, este último pasó un fin de semana en la cárcel y dos años en libertad condicional por un delito relacionado con cannabis. Ellos son la comunidad que más padeció la prohibición, ejecutada desde todas las instancias del poder hasta hace menos de un mes.

Es por ello que apuntan alto y a beneficiarse lo más posible del negocio. El mercado de Nueva York es uno de los más grandes de EEUU y del mundo, por lo que la competición por las licencias será feroz. Sin embargo, hay razones para ser optimistas y pensar que, como han hecho otros estados, los criterios serán para beneficio de los más perjudicados. Al respecto, Reyes afirma:

¿Por qué se lo darían a cualquier otro excepto a Happy Munkey? Nosotros somos la comunidad que ha sido blanco” (de la prohibición)

Ramon Reyes, co-fundador de The Happy Munkey en declaraciones a Bloomberg

Con esto en mente, barajan varios inversores listos para dar el paso final cuando los últimos preparativos de la legislación estén a punto. Bautista asegura que no será diferente a cualquier otro gran club de la ciudad que nunca duerme:

Será estilo VIP. Se sentirá muy lujoso

Vlad Bautista, co-fundador de The Happy Munkey

Desde los consumidores y para los consumidores, tendrán en cuenta todos los aspectos y riesgos de fumar cannabis. Habrá bebidas sin alcohol para la boca seca y aperitivos deliciosos para los munchies. ¿Tendrán habitaciones seguras para personas que les dé la pálida, que experimenten un bajón o que simplemente les siente mal el porro ese día? ¿Apestará a tabaco la pista de baile? ¿Se llenará todo de un humo impenetrable?

Son preguntas que responderán al ritmo del jazz y las luces estroboscópicas. La fiesta cannábica acaba de empezar.

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