Salvados por el cannabis: Mykayla Comstock

Mykayla Comstock tuvo que lidiar con una rara variante de leucemia desde la tierna edad  de siete años. 

Al momento del diagnóstico, ya tenía una masa maligna de linfoblastos acumulada en su pecho del tamaño de un balón de básquet. 

Para más de un 20% de pacientes pediátricos de cáncer, esto equivalía a una sentencia de muerte

Su tumor requería con urgencia un tratamiento muy agresivo, muy por encima de lo que su cuerpecito podía soportar. 

En EEUU los padres de un niño enfermo no pueden elegir tratarlo según su criterio, y deben optar por los tóxicos y dañinos tratamientos de quimio y radioterapia. 

Dichos procedimientos son efectivos en la mayoría de los casos, pero el caso de Mykayla era particular.

Después de recibir sus primeras dosis de quimio, su tumor entraba en remisión durante poco tiempo, para luego volver a los niveles previos o incluso mayores de linfoblastos. 

Punto de inflexión

La cúspide del demoledor tratamiento fue la sugerencia de radiación craneal y trasplante de médula, medidas en extremo agresivas, que fueron rechazadas por sus padres. 

Para su madre, al menos, estaba clara cuál era la cura que buscaban: cannabis. Mediante diversos extractos, ricos en cannabinoides como el THC, CBG y CBD, convirtieron la dieta de la pequeña en un potente tratamiento. 

Su objetivo, como cuentan en un breve documental de Vice News (que tuvo que ser relanzado por ser muy polémico) era lograr una tasa de saturación de THC en sangre. Según sus padres, en dicha concentración residía la cura para el cáncer de su hija. 

Pocas semanas después de administrar sus primeras dosis de THC puro, el tumor de Mykayla entró en remisión. 

Ese beneficio tardó algunas semanas en hacerse notar. Lo primero que vieron sus padres es que su hija era capaz, por primera vez en meses, de comer, reír y jugar como una niña normal. 

Durante todo su tratamiento no tuvieron que administrarle ningún calmante (ni siquiera Tylenol, según cuenta su madre), consiguiendo con esto ahorrarle el usual daño hepático y gástrico.

 
La gallardía demostrada por Mykayla y sus padres pone en la palestra uno de los dilemas más candentes de este siglo:

¿Debe el THC ser una herramienta terapéutica para niños?

La respuesta, sin embargo, está frente a nuestros ojos.

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