El mercado de cannabis está creciendo a un ritmo constante. Al mismo tiempo, el mundo presencia cómo están cambiando las dinámicas de poder racial en EEUU. Esta revolución, liderada por mujeres afroamericanas, alcanza cada vez más esferas de poder

El mercado de cannabis está creciendo a un ritmo constante, sobre todo en EEUU y Canadá. Esto no sucede de la noche a la mañana, sino que es fruto de un arduo trabajo de lucha contra la prohibición racista. Las empresas y su poder económico son un innegable aliado de la regularización, pero no son las pioneras. Ni de cerca. Menos cuando rebozan de perfiles masculinos y blancos.

Antes de ellas han transitado la senda política y académica hombres y mujeres afroamericanas. Ellas lideran las transformaciones sociales que hoy vemos extasiados y alzan su voz ante los racismos sistémicos persistentes.

Estados Unidos hace gala de la administración más inclusiva de su historia, desde un punto de vista de género y racial. Kamala Harris, la primera vicepresidenta mujer y de color, es quizás la figura más visible. Al mismo tiempo, el cannabis se encamina a ser regularizado en el epicentro de su prohibición racista.

La prohibición del cannabis es, desde sus inicios, un artefacto racista y sexista. Abolirla tiene que revestir una liberación racial y de género por añadidura. Un enfoque de reparación es indispensable en cualquier proyecto regularizador, y para conseguirlo miles de mujeres afroamericanas se han puesto a la vanguardia de la política, la academia y la industria.

Aquí, rendimos tributo a dos de ellas:

Black Live Matters Plaza, Washington, DC

Ika Washington

Ika Washington es una activista canadiense que se enfoca en empoderar a afroamericanos con iniciativas cannábicas. Su plataforma Diversity Talk (La charla de la diversidad) es un escenario para “celebrar canadienses negros en el espacio del cannabis“. También aspira a canalizar fondos en compañías de cannabis regentadas por personas negras.

Su denuncia social es punzante. La voz de Ika es un constante recordatorio del racismo que permea en todas las capas de la sociedad. El timeline de DiversityTalk da cuenta de datos demoledores, que atestiguan un racismo sistémico tan poderoso como el de su vecino sureño.

El 8,8% de la población de Toronto es negra. Sin embargo, representan el 37,8% de los cargos relacionados con cannabis y son 4,3 veces más susceptibles de recibir cargos por posesión que sus contrapartes blancas. Los ratios de consumo de cannabis entre poblaciones blancas y negras son equitativos

Ontario Human Rights Comission. Data de 2016-2017

La envergadura de su crítica destaca sobre todo en la pluma y papel.

A mediados del año pasado, publicó un artículo con mucha repercusión titulado “Hey, industria del cannabis, su silencio es ensordecedor”.  En él desgrana los porqués de la internacionalización de la lucha Black Lives Matter. También señala eventos clave que marcan una tendencia racista sistémica en las instituciones policiales canadienses y británicas, no sólo estadounidenses. 

Pero el asunto central de su ensayo es un llamado de atención a la industria del cannabis. Ya varias empresas de talla mundial se pronunciaron a favor de la protesta y en reconocimiento de los derechos afroamericanos. En la industria cannábica, sin embargo, las voces son muy escasas. 

La activista dispara verdades sin pelos en la lengua, capaces de hacernos pensar y repensar cuántas cosas pasamos por alto en la configuración actual del consumo de cannabis:

 “Es increíble que las personas negras continúen siendo deshumanizadas mientras que nuestra cultura negra es consumida por la industria del cannabis cuando es conveniente – las vernáculas referencias a Jamaica, Rasta, Reggae, Hip-Hop/Rap, dispensarios, métodos de cultivo – todo esto sin darles a los creadores negros y a los cuerpos negros, detrás de estas cosas, acceso legítimo a la industria.” 

Ika Washington, “Hey, cannabis industry your silence is deafening!”

800km al sur de Toronto, a la cabeza de la reciente legalización de Nueva York, queremos destacar la labor de

Andrea Stewart-Cousins, voz para las mujeres afroamericanas neoyorquinas

mujeres-afroamericanas-en-el-senado-de-Nueva-York-Andrea-Stewart-Cousins

Tras la reciente legalización en el Estado de Nueva York hay un tejido asociativo destacado. Su capacidad de movilización y organización fue el factor decisivo en presionar un gobernador blanco y un partido político anclado en el pasado.

Stewart-Cousins representa el Distrito 35 del Estado de Nueva York, ubicado en la ciudad de Yonkers. Es la actual líder de la mayoría demócrata en el Senado Neoyorquino, y es la primera mujer afroamericana en ocupar esta posición.

Su vida es un retrato de miles de personas negras que convivieron con la pobreza y la exclusión durante décadas. Criada en viviendas de interés social en el Bronx y Manhattan, esta representante no es ajena al racismo sistémico de la prohibición.

No obstante, luchó con medios pacíficos y académicos contra un sistema injusto. Se licenció por la Universidad de Pace, donde obtuvo un Bachillerato Universitario en Ciencias y luego un Máster en Políticas Públicas. Su trayectoria profesional incluye empresas centenarias, como la extinta New York Telephone Company y el gigante de la comunicación de masas Gannett.

Se inició como servidora pública en 1992, cuando fue elegida Directora de Asuntos Comunitarios en la ciudad de Yonkers. En 2006 consiguió ser elegida para el Senado del Estado de Nueva York. En 2018 se ratificó en el cargo, sin oposición alguna. Desde entonces, se barajó su nombre como vicegobernadora pero, finalmente, ocupó el liderazgo de la mayoría demócrata en el Senado de Nueva York.

La primera mujer en ocupar dicho cargo desde su creación, en 1777.

Su trayectoria política está marcada por una agenda progresista. Durante su liderazgo, Nueva York aprobó legislaciones respecto al cambio climático, el derecho al voto, el derecho al aborto; la reforma del sistema criminal, la equidad de género y el control de armas. Y por supuesto, la legalización del cannabis

Activismo político y labor de difusión

El accionar de Stewart pone de manifiesto décadas de trabajo, organización y activismo político, desde la comunidad hasta las más altas cotas de poder. La labor de difusión de Ika Washington es una ventana privilegiada para ver el mundo del cannabis desde la desigualdad racial. Nada vuelve a ser lo mismo después de ponerse en sus zapatos.

No son tiempos para ser optimistas. Toda revolución implica una reacción, y los crímenes raciales están lejos de desaparecer en las instituciones. Ya ni se diga de la población en general.

Lo que sí podemos albergar es la esperanza de un mundo un poco menos injusto, gracias a ellas.

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