Más Madrid impulsa propuesta de regulación cannábica

En contadas ocasiones hay que ponerse de pie para aplaudir a un político. Contadísimas. El oficio es ingrato. Obliga a caminar sobre el filo de la espada entre presiones de poder, pasión y violencia. Sin embargo, el pasado 27 de febrero fue uno de esos días, y el político en cuestión fue Jorge Moruno, de Más Madrid

Este representante puso los puntos sobre las íes en una rueda de prensa virtual, auspiciada por Europa Press. Su intervención, muy enfática y clara, giró en torno a varios puntos argumentativos de mucho calado. Podemos desglosar algunos de ellos mientras resuena para nuestros adentros el aplauso. 

La legislación actual, la prohibicionista, es incapaz de presentar un solo indicador positivo

Una verdad como una casa. Ni las ratios de consumo, ni las incautaciones, ni el consumo en menores, ni el beneficio de los narcos… Han descendido como consecuencia de la prohibición. Todo lo contrario, el consumo se duplicó entre 1995 y 2019, del 14% al 34% que afirma haber probado cannabis.

Los únicos números que juegan a favor de la política actual son: el número de policías contratados; los recursos que se le destinan a los institutos armados y el tamaño de la arruga en la frente de los políticos cuando hablan preocupadísimos de “la droga que pervierte nuestras comunidades”.

 “Lo que sí ha conseguido es aumentar la cuantía de las multas y la criminalización de los usuarios adultos”

Nos dejábamos un indicador estrella de la política prohibicionista: la recaudación punitiva por medio de multas. Estas tienen el doble rasero de hacer policial un problema sanitario, y de generar ingresos para las carteras de Seguridad y Defensa, menguadas a causa de la falta de guerras. 

¿Quién podrá salvar una cartera que hasta 1938 se llamaba “Ministerio de Guerra”? Pues la guerra contra las drogas, claro está. Si no hay guerras, nos las inventamos. 

“Los usuarios se ven expuestos a adquirir un producto que no cuenta con las garantías y certificados mínimos de calidad, que puede estar adulterado y ser de mala calidad”

Desde heces hasta vidrio pulverizado, los adulterantes del cannabis dan miedo y comprenden un espectro enorme de sustancias, algunas inocuas, pero otras que revisten un importante riesgo para la salud. 

Regularizar el cannabis conlleva una estandarización del mercado, que beneficiaría a todos los consumidores y a la industria en general. Certificar la calidad del producto supone menos inversión sanitaria en tratar las dolencias asociadas. 

El único pero que cabría adjuntar a las palabras de Moruno es el siguiente:

“Cuantos más adultos accedan al cannabis a través de una vía legal, más se verá reducida y acotada la oferta a través de la cual acceden los adolescentes, que es la ilegal” 

Regularizar el cannabis puede hacer que el consumo repunte entre niños y adolescentes. Colorado, por ejemplo, registra aumentos variables, nada escandalosos en algunos casos, y ligeramente preocupantes en otros (en torno a un 5.5% de aumento en Denver). Más de la mitad manifestó que el cannabis era más fácil de obtener para ellos. 

La ONU respalda estas afirmaciones, destacando el aumento de consumo en las legislaciones que pasan de prohibir a regular. Entre adultos esto no supone un problema, pero hay que prestar especial atención al acceso entre menores. 

En todo caso, no sólo aumenta el consumo de cannabis entre jóvenes, también el de alcohol. Las preguntas que deberíamos hacernos entonces son

¿Por qué la gente quiere drogarse a temprana edad?

 ¿Es el cannabis más o menos dañino que el alcohol?

¿Cómo podemos convencer a los adolescentes de que se esperen unos años antes de fumar?

El inicio de todas estas preguntas es, sin duda, cannabis legal, de calidad y barato.

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