DanaBeal trippy

Ahora que el cannabis es legal en Nueva York, los activistas de vieja guardia tienen dificultad para encontrar su lugar en el mundo. Estos cambios vertiginosos no pueden hacernos olvidar que a ellos nos debemos. Esta es la breve historia de Dana Beal, una leyenda del activismo por la legalización.

Cuando medio mundo está legalizando los usos medicinales y recreativos de la planta, es fácil olvidar quién hizo que llegáramos hasta aquí. La prohibición más feroz la ejercieron los Estados Unidos de América. Sólo con miles de policías represivos y toneladas de papel dedicadas a la propaganda podían mantener tal absurdo. Ser un activista cannábico significaba, casi con toda probabilidad, pagar tiempo de cárcel y ser considerado un paria para la sociedad.

Mr. Beal, empujando una silla de ruedas a la izquierda, en 1997 en el Ayuntamiento de Nueva York, con otros activistas por la cannabis medicinal. Créditos a Rosario Esposito/Associated Press

Algunas décadas después, el activismo por el cannabis es mucho más cool. Proliferan las banderas, camisetas, gorras… todo estampado con hojas de la planta. Las celebridades lanzan sus propias marcas de flores y parafernalia, cuando no abren sus propios dispensarios. El cannabis es mainstream, cada vez más. Pero para que fuese así, decenas de personas recorrieron un árido camino de abuso policial y represión. Dana Beal estuvo a la vanguardia de todos ellos en la ciudad de Nueva York.

La legalización en esta ciudad, por su importancia económica, equivale a que un país entero diga “Sí, es legal”. Consciente de eso, el Partido Internacional de la Juventud (YIP, por sus siglas en inglés) desplegó una intensa campaña desde los 60 y 70, que llega hasta nuestros días, para regularizar el uso del cannabis. Beal integró de forma crucial este movimiento, denominado luego como yippies.

The Yippies are pranksters and street artists and guerrilla theater people

“Los yippies son bromistas y artistas callejeros y gente de teatro guerrillero”. Dana Beal en declaraciones al New York Times

Dana Beal fue a la cárcel para que nosotros andemos libres

Ese estilo subversivo le costó a Beal algunos años de cárcel, perder su hogar y no tener un estilo de vida estable al que atenerse a los 74 años. Primero en 2008, luego en 2009 y finalmente en 2011 tuvo que enfrentarse a arrestos, fianzas y condenas. Fue condenado a 2 años y medio en prisión por transportar 100 onzas de cannabis, pero sufrió dos ataques cardíacos que redujeron su condena.

Dana Beal en 1994

En 2017 tuvo que vérselas una última vez con la policía, cuando lo arrestaron bajo una fianza de 75.000$ por transportar 10kg de cannabis. Su abogado argumentó que, debido a su edad y estado de salud, el riesgo de fuga era despreciable, consiguiendo su liberación.

El cannabis no es lo único que le valió tiempo en prisión. Quizás jamás has oído hablar de ella, pero Beal es un activista por la ibogaína, un alcaloide alucinógeno originario del África Central. Este compuesto demuestra una efectividad médica comprobada en el tratamiento del Síndrome de Abstinencia en persona con adicción a los opiáceos, como la heroína y la metadona.

EEUU es el principal consumidor de estas drogas y tiene un severo problema de adictos y muertes por sobredosis. Unas 30.000 al año.

Dana Beal en su hogar temporal
Mr. Beal vive encima de una sinagoga de forma temporal. Su desahucio está paralizado por la pandemia. Créditos: Julia Gillard para The New York Times

Dana Beal es un hombre como pocos que quedan en el mundo. Su altruismo y dedicación no pueden pasarse por alto en el mundo de la regulación. Más allá del cannabis, Mr. Beal es un activista contra la guerra de Vietnam; contra una sociedad adictos al opio; contra la estupidez institucionalizada que evitó a decenas de miles de personas encontrar alivio a sus dolores a través del cannabis. Es un activista por un mundo mejor.

A él y a todos los que le acompañaron, gracias. Su legado vivirá en nosotros.

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