El imperio del opio echa raíces para controlar el cannabis en el Sur de España

El imperio del opio echa raíces para controlar el cannabis en el Sur de España

Las grandes empresas farmacéuticas necesitan opio para sus calmantes. Llevan décadas aprovechando los beneficios de la planta de la adormidera, a pesar de sus conocidos potenciales adictivos. En EEUU ya se habla de una “epidemia de opioides”.  Ahora, con el cambio de rumbo iniciado por la ONU, pretenden entrar también en el barco del cannabis.

En el marco de la guerra contra las drogas hubo muchos beneficiarios. La industria del tabaco y el alcohol sin duda sacaron partido de ser las únicas drogas de venta libre. Pero las empresas farmacéuticas vieron una maravillosa oportunidad de mercado en el opio. Sus derivados se convirtieron en el único analgésico efectivo, potente y con efectos secundarios tolerables. Al menos en teoría. 

Las consecuencias de recetar opioides a mansalva son evidentes, sobre todo en Norteamérica. Los índices de adicción y muerte por sobredosis son escalofriantes. En 2019 se registraron casi 50.000 casos de sobredosis de opiáceos, según el Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas. Para julio de 2020, el número de muertes por sobredosis alcanzó el cruento récord de 83.000 personas. 

El panorama en Europa no es tan grave, pero dista de ser alentador. En Alemania, el 33% de los consumidores abusan de la metadona. La cifra desciende hasta el 22% en Dinamarca. En Estonia y Finlandia, hay casos notorios de tratamiento por fentanilo y buprenorfina respectivamente. 

Si bien las cotas de adicción y muertes norteamericanas responden también a otros factores, en ambas latitudes hay industrias farmacéuticas lucrando con el opio y sus adictos. Responsabilizar a dichas corporaciones no está lejos de la realidad. Entre 2006 y 2014, las cuatro compañías más grandes del rubro vendieron 100 billones de dosis en EEUU

Estas empresas, entre las que está Johnson & Johnson, tendrán que resarcir a las arcas públicas estadounidenses un total de 26 billones de dólares, luego de que una Corte Federal determinó que estaban en conocimiento de su distribución negligente. 

Las corporaciones del opio contra PYMES, a por el cannabis en el sur de España

Los gigantes del negocio opioide están al tanto del cambio de rumbo. Alcaliber, fundada en España y vendida en 2018 al fondo británico GHO, produce, según sus datos, el 27% de la morfina y el 18% de la tebaína del mundo. Este último es el compuesto primario para otros derivados, como la oxicodona y la buprenorfina.

 

Desde el año 2019, Linneo Health, filial de Alcaliber, tiene licencia del Estado (Aemps) para cultivar cannabis con fines médicos. Su previsión rondaba los 40.000 metros cuadrados de cultivo y producción de flores de cannabis, inicialmente en Murcia.

Hasta aquí, el rastro del dinero fluye desde un fondo de inversión farmacéutico, GHO, a Alcaliber, que a su vez tiene como subsidiaria Linneo Health. Esta será la empresa que producirá cannabis en el Sur de España. En pocas palabras, los productores y transformadores del opio están entrando en el negocio del cannabis de la mano de grandes fondos de inversión farmacéutica. 

Como contrapeso, el tejido empresarial español está reaccionando. Lamentablemente, sus principales oportunidades de inversión ocurren en el extranjero. Tal es el caso de AgroPharm, una empresa de Córdoba cuyo proyecto emblemático es la construcción de una avanzada planta de producción de cannabis

¿Para dar empuje al cannabis en el Sur de España? No. Las autoridades portuguesas, más flexibles e inteligentes, dieron el pistoletazo de salida a dicha planta en la región de Mação. Estas instalaciones estarán a la vanguardia de la producción de cannabis medicinal en la Península Ibérica. 

La inversión española generará 20 empleos directos y otros tantos indirectos, lo que supone un aliciente para una región como la parroquia de Ortiga, asolada por incendios y el éxodo de su población. 

AgroPharm, junto con otras empresas medianas y pequeñas, suponen la esperanza de que el mercado de cannabis en el Sur de España no caiga en manos de corporaciones opiáceas de capital extranjero. Entre más pronto llegue la regulación, más oportunidades habrá para las empresas nacionales.

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