Un estudio de la Fundación Canna encontró importantes variaciones entre la cantidad de CBD declarada y la cantidad real, así como sustancias potencialmente tóxicas

Los vapeadores y los líquidos que utilizan prometen ser toda una revolución en la forma de consumir cannabis. Por sus potenciales curativos, el CBD es la punta de lanza para introducir la planta a muchos no-consumidores. Sin embargo, las artimañas publicitarias están a la vuelta de la esquina.

Es por ello que resulta imperativo una legislación que regule los derivados del cáñamo de forma eficiente. Solo así los consumidores estarán más protegidos y obtendrán un mejor producto.

Mientras esperamos a que a nuestros políticos se les encienda la bombilla, el trabajo recae en organizaciones pioneras como la Fundación Canna. A principios de 2020 condujeron un estudio en el que analizaron 15 muestras de líquidos para vapear. Todos declaraban tener CBD. Lo que encontraron nos da una pista sobre el enorme agujero legal en el que se encuentra la industria.

Por una parte, 14 de las 15 muestras reportaron un nivel de CBD inferior al declarado, con una variación de hasta el -78.33%, es decir, tres cuartas partes menos de lo declarado. La variación entre lo que afirmaban las etiquetas y lo que contenían realmente las muestras analizadas fue notable. En promedio, un 40%. Esto indica una falta de homogeneidad, pues los compuestos activos no se distribuyen de igual forma por todo el líquido.

Asimismo, las muestras analizadas tenían, en promedio, un 27% menos CBD de lo reclamado. Solo una muestra reportó un índice superior, por apenas 6 puntos porcentuales. En otras palabras, ninguna de las muestras analizadas era homogénea ni precisa en sus niveles de CBD. Pero eso no es todo.

Siguiendo la epidemia de lesiones pulmonares acaecida en EEUU por el uso de vapeadores, Fundación Canna se puso manos a la obra para determinar la presencia de compuestos nocivos en los e-liquids. Así, consiguieron aislar dos compuestos en dos muestras diferentes asociados a problemas de salud.

En una muestra, el acetato de vitamina E. Y podrán pensar “¡qué bueno, vitaminas en mi líquido de vapear!”. Pero esta forma química de vitamina E, volatilizada en los pulmones, está vinculada con la lesión pulmonar asociado al uso de productos de cigarrillos electrónicos o vapeo (EVALI).

En otro de los compuestos analizados encontraron alcohol bencílico, ligado a la tos, el mareo y el dolor de cabeza característico de algunos productos de vapeo.

Para sorpresa de muchos, todas las muestras dieron positivo al d9-THC, el compuesto activo responsable del subidón y la euforia. Dependiendo de la cantidad consumida, su frecuencia y concentración, alguien podría dar positivo en una prueba de drogas por esta sustancia y ser sancionado.

En palabras de la Fundación Canna, todos estos indicios ponen de manifiesto “la falta de control y de buenas prácticas a la hora de producir el producto“. En otras palabras, las empresas productoras de estos compuestos no están sometidas a regulación alguna del producto, como sí lo están las chocolatinas y el tabaco.

La urgencia de una política de drogas regularizadora está más patente que nunca. Hasta entonces, cuidado con lo que vapeas.

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