Breve historia de la prohibición en Tailandia

El sudeste asiático no es un lugar amable para el cannabis. Esto resulta irónico, pues su clima y su geografía son maravillosos para plantar, no sólo cannabis, sino casi cualquier otra cosa. Tailandia se encuentra en el cinturón tropical del globo. Sus tierras son fértiles, las lluvias abundan y la calidez dura todo el año. 

Desde su introducción en Tailandia desde la India, la ganja fue empleada para fines tanto alimenticios como psicoactivos, al igual que en su país vecino. La propia palabra ganja viene del sánscrito, y es la misma que emplean los indios para referirse al cannabis

Sobre todas las cosas, el cáñamo lo valoraban por sus potenciales textiles. Esta suponía la fuente de fibra más versátil y barata de todo su entorno. Durante siglos y siglos, la planta de la cannabis sativa fue utilizada de forma ininterrumpida. Se llegó a emplear como especie, para condimentar una sopa tradicional llamada kuaytiaw reua.

Hasta la llegada de los amables norteamericanos, Tailandia podía presumir de una variedad propia, la “marihuana Thai”, que llegó a ser de las más exportadas y consumidas del mundo. Incluso los peleadores de Muay Thai protegían sus manos con guantes de cáñamo. 

¿Cómo se pasó de una política en exceso tolerante, a los asesinatos extrajudiciales por posesión de cannabis?

Habría que buscar consumidores para un mercado ilegal. Esos consumidores llegaron en la década de los 60, en la forma de soldados norteamericanos tomando un descanso de la Guerra de Vietnam. 

Ya por entonces Tailandia había firmado la Convención del Opio, que empezó a regular el cannabis en 1934, pero había hecho poco o ningún caso.

Las plantaciones de cannabis proliferaban en los hogares tailandeses, sobre todo para el aprovechamiento de sus beneficios medicinales.  

Cuando los marines estadounidenses empezaron a enviar thai sticks” a casa, utilizando el servicio postal del ejército, empezaron los problemas.

Una vez de regreso a casa, ya no se les podía engañar sobre los peligros de una planta con la que convivieron en el frente. Ni a ellos ni a la creciente ola de hippies que florecía en la costa oeste. 

Los políticos, y en especial el bueno de Nixon, vieron una oportunidad para hacerse notar: nombrar el “abuso de drogas” el enemigo público número uno. ¿El resultado? Una presión geopolítica sin precedentes, en especial en Tailandia, para que “cooperase” ilegalizando una planta con acervo milenario. 

En 1979 entró en vigor la “Narcotics Act B.E. 2522”, que penaliza el consumo de cannabis con cárcel y multas elevadas. El tráfico, que se da por sentado si se encuentran más de 10kg, acarrea hasta 15 años de cárcel y multas de más de 4000 euros, una pequeña fortuna para el tailandés promedio. 

Desde entonces la legislación no ha visto ningún cambio. 

Hasta el 2019, cuando legalizaron ciertos extractos medicinales. Dicha medida, la primera en su tipo en 40 años, supuso un cambio de paradigma y los políticos parecen despertar de ese letargo prohibicionista que dejó el imperialismo yankee.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *