El cannabis ha alcanzado hasta los más recónditos lugares del mundo. Desde la selva subtropical china hasta la pradera de dalias mexicanas, ningún territorio se resiste al encanto de esta planta. Más que a la tierra, la cannabis seduce a la humanidad entera. 

Papúa y Nueva Guinea es un país ubicado en Oceanía, al norte de Australia. Sus habitantes, los papuanos, comparten isla con la vecina Indonesia. El cannabis para ellos es algo reciente, pues lo introdujeron sus colonizadores allá por el siglo XIX.

Amor a primera vista

Desde su llegada, hasta la actualidad, el número de consumidores y usuarios no ha dejado de crecer. Para la década de los 80, una parte nada despreciable de la población joven masculina fumaba cannabis en Papúa y Nueva Guinea. La otra parte, la despreciaba con odio. 

Toda autoridad, ya fuese religiosa, política o tribal aborrecía el uso de la planta y la consideraban extranjera. Bajo esa narrativa, se instaló en el poder la idea de que la cannabis era el enemigo público a batir junto con el alcohol. Sin embargo, para los años 90, la cannabis se cultivaba y consumía en todo el país. 

Los campesinos notaron rápidamente lo fácil que crecía, el poco trabajo necesario y las ingentes ganancias económicas. Después de todo, obtener dinero de sembrar y vender maría se consideraba (y estaremos de acuerdo) menos riesgoso que el robo a mano armada. Pero no todo lo que brilla es oro. 

Si bien la planta bombeaba beneficios a un empobrecido mundo rural, por otra parte, los ratios de adicción ascendían y los intercambios de drogas por armas no tardaron en llegar. 

La asociación entre cannabis y mundo criminal trajo consigo episodios de violencia que, a su vez, reforzaron la visión negativa y ponzoñosa sobre la planta. En especial entre los más viejos. Por eso hoy por hoy sería difícil encontrar papuanos de más de 35 años que estén de acuerdo con su legalización. 

Mercado de Gerehu. Mujeres y niñas forman la mayor parte del mercado .

La ilegalización del cannabis en Papúa y Nueva Guinea, buena para los poderosos

Mientras se mantenga ilegal, el gobierno seguirá utilizándola como herramienta financiera. El cannabis es sembrado y manufacturado sobre todo en la Región de las Tierras Altas (Highland Region), desde donde viaja hasta el sur, hasta Puerto Moresby (la capital) o hasta otro centro urbano menor de la costa.

Una vez ahí, una parte permanece en la isla para consumo urbano. La otra se exporta como contrabando a Australia. Los narcotraficantes utilizan el Estrecho de Torres para hacer llegar la droga gastando poco combustible y minimizando los riesgos. 

punto de tráfico del cannabis en Papúa y Nueva Guinea

La ganancia acaba en manos de traficantes y políticos corruptos, que sin duda alguna reinvierten un porcentaje de sus beneficios en el país y así ponen un parche a la deteriorada situación económica de la nación. 

Los papuanos no parecen demasiado interesados en una legalización de envergadura, y a los extranjeros les basta con pagar un módico soborno para no tener problemas con la policía. Todo apunta a que los beneficios de la cannabis en Papúa y Nueva Guinea tardarán en llegar. 

Sus prejuicios, sin embargo, ya los están padeciendo.

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