Si bien algunos plantean el cannabis como problema, lo cierto es que el cannabis regulado en España sería una invaluable solución

Pocos son los políticos españoles que toman el toro por los cuernos al hablar de cannabis. La mayoría, por no hablar de los conservadores y prohibicionistas, prefieren dar largas y evadir el tema. Casi ninguno habla de cannabis regulado en España, a diferencia de sus homólogos canadienses, estadounidenses, mexicanos, argentinos…

Los que hablaron de ello, parecen olvidarlo cuando llegan al poder

El propio presidente de gobierno se sacude el tema con ese “tengo ya suficientes problemas”. Nadie lo ha dicho mejor. Ya tenemos suficientes problemas con la prohibición, la despoblación y la crisis económica. Por todo esto, se hace urgente hablar de cannabis regulado.

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Diversificación del cultivo:

Desde Somos Cannabis ya pedimos cannabis sativa para revitalizar el campo español. El cáñamo será sin duda el cultivo de más explosivo crecimiento para los próximos años. España asiste impávida ante el desaprovechamiento de sus potenciales naturales. 

Su posición geográfica, en especial del Sur de la Península, es un medio extraordinario para sembrar cáñamo. 

Sí, cáñamo de uso industrial. España podría ser pionera en sustituir el petróleo por cáñamo. Diversas fibras y materiales pueden fabricarse con derivados de la planta. Sus semillas también sirven como suplemento alimenticio, humano y animal. 

A medio y largo plazo, los cannabinoides serán un estándar en tratamientos de epilepsia, glaucoma o cáncer. La otra cara de dicho uso medicinal es el abaratamiento de la sanidad, pero también una mayor demanda de hectáreas cultivadas. 

El mercado internacional de exportación e importación de cáñamo industrial y medicinal puede llegar a valer 26.6 mil millones de dólares para 2025. España, puente natural entre Europa y América, podría capitalizar buena parte de ese mercado que hoy por hoy capitalizan los narcos. 

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Despoblación y reto demográfico:

Dicho nombre sale calcado de una vicepresidencia de gobierno. La España vaciada agradecería, como agua de mayo, contingentes de jóvenes cultivadores de cannabis dispuestos a repoblar sembrando. 

Las incautaciones de flores de marihuana tienen varios años al alza, hasta casi posicionarse al mismo nivel que el hachís. Esto se explica por un fenómeno hoy común en toda la Península: el autocultivo. 

Los hábitos de los consumidores no cambian de un día para otro. Primero, decenas de jóvenes (y no tanto) decidieron que ellos serían los que tendrían el control de lo que fumarían.

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Segundo, se pusieron manos a la obra para aprender a sembrar, cuidar y cosechar una planta. Esto no es ninguna tontería, y si bien no es ciencia de cohetes, requiere conocimiento especializado. 

Miles de jóvenes que deambulan entre el paro y el contrato precario podrían encontrar en el cannabis regulado en España una solución a sus problemas.  El campo, por otra parte, un nuevo maná que fluya hacia sus pueblos deshabitados. Hacienda, millones de euros en concepto de impuestos y cotizaciones. La industria del cannabis genera miles de empleos directos y rurales, en un mercado que no para de crecer. 

Paro estructural:

El “gran hándicap de la economía española” es el paro que no se corrige con el tiempo y que alcanza la mayor tasa de la Unión Europea. En torno al 15%. Parte de la solución a este problema es reconducir las aspiraciones laborales de la población. 

¿A dónde? Exacto, al cannabis

Pero, ¿quién va querer ir a sembrar, si los jóvenes de hoy día son todo ciudad, discotequeo y PlayStation? No hay problema. El cáñamo, sus flores y derivados serán distribuidos  y vendidos. Esto conlleva un entramado de empleos indirectos, sobre todo citadinos. 

Desde las clásicas growshops hasta el distribuidor especializado, pasando por la pequeña tienda y hasta el estanco de toda la vida, podrían expandirse y aumentar su plantilla con los ingresos del cannabis. Al mismo tiempo, el cannabis regulado en España requerirá nuevos profesionales en la materia, lo que abre campo al I+D. 

En este sentido, no cabe duda que Sánchez está concibiendo la solución como un problema. Esa miopía política (económica, social, sanitaria…) se paga caro. Lamentablemente lo pagan los consumidores, parados y enfermos, no el presidente.

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